sábado, 12 de diciembre de 2015

Martes de luchas internas y nudillos desgastados.


Siempre he creído que
es mas fácil golpear la pared
que topar con ella
y percatarse que no hay salida
si se viaja en dirección errónea.

-A las coordenadas de un amor
a medias, por ejemplo-

Podrás intentar mover aquella
pared,
pero siempre ha de pesar más
la realidad de su estructura
que la necedad de tus caprichos.

Yo que soy necia,
nadie puede moverme
esta idea de quererle.

Tal vez me vendría bien
cambiar de rumbo,
pasar de su sonrisa,
huir al norte de mis limites.

Donde esto no pueda alcanzarme.
Donde no me noquee este sentimiento
de frustración al no poder escribir
un verso de amor en su nombre.

Una vez me dijeron
que uno recibe lo que da.
Yo creo que a veces
elegimos dar lo que recibimos.

He de admitir que
dicha relación reciproca,
determinada por el
"Quién da más"
y el
"Qué da más"
Me deja con sabor a
"Qué más da"

Me cansa la idea de pensar
que este amor latente
jamás terminará por coordinar
a ritmo de sus destiempos.

Y se me ha dado por inventar
unidades para así medir el tiempo
en rayones en mi libreta y ganas de verle.

Aquel que declaró guerra
en las fronteras de mis impulsos,
fue el mismo capaz de llevar paz
a las fronteras de mis inseguridades.

Y yo con mis reservas de amor reprimido,
he perdido esta batalla.