Hace tiempo que vengo
buscando mi sitio.
Haberlo encontrado en
sus brazos
o al menos así sentirlo
se atribuye a la causa
principal de esta locura.
Perder a alguien duele,
perderte a ti misma duele el doble.
Sobretodo si el camino
termina siempre dirigiéndote
a ese par de ojos marrón
que te hicieron caer,
sin importar cuantas veces
cambies de dirección.