jugando el papel de fuerte.
El que carga consigo mil máscaras,
todo sea por disfrazar su cobardía.
A ti, el que cada vez que percibe
los primeros rayos de día pegar en su ventana
con vistas a la avenida llamada conformismo,
teme que la Luna no regrese para alumbrar
el callejón de sus sueños al anochecer.
A ti, el que su luz teme
perder,
pero tampoco le canta para que se quede,
por creer tener asegurado su regreso cada noche,
pues supone es parte de su naturaleza.
A ti, el que exige
completa fidelidad.
Que te mata el pensar que alguien más
pudiese enamorarse
del alumbrar de la luna.
A ti, el que se
refugia en la comodidad
de tener control seguro sobre las farolas de la ciudad
sin importar que la luz que estas le ofrezcan sea
artificial.
A ti, el que prefiere un cielo nublado permanentemente
por temor a soportar un poco lluvia.
A ti, que te llegue la noche
en que veas esa Luna
que un día fue tan tuya
en cielos ajenos .
Ruega que tu luz artificial te llene tanto,
que no sufras al verle alumbrando
callejones que no sean los tuyos.
Y es que a ti no te enseñaron,
que farolas en la ciudad hay miles, pero Luna, sólo hay una.