Nunca he pretendido exterminar
este mar de sentimientos que me ahoga
cuando de amarte se trata.
Tal vez por miedo a que tus olas
no me mojen más
y tener así que vivir en una sequía
de líneas permanente.
Si dejarte ir es morir en vida,
amarte es vivir de tu recuerdo.
Renacer cada que me detienes
el reloj de realidad que llevo
instalado en el pecho
si son tus labios los que bailan
entre mi piel.
La gloria del paraíso
y el fuego del infierno
habitan en tus manos.
Y me consumo
si son estas
las que recorren mi cintura.
Puedo ser de piedra
con el resto del mundo,
pero bajo la guardia
y mi corazón late al doble
si es tu voz la que me llama.
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