Aquellos que ayer señalaban
juzgando errores ajenos,
lanzado criticas hacia actitudes
que juraron jamás se harían presentes en ellos,
son los mismos que han venido hoy
buscando mi perdón.
Aquellos que poco se atormentan por sus errores
y hacen menos por corregirlos.
Tal vez remediar el daño creado
les liberaría un poco de sus culpas.
Debo confesar que siempre me ha importado
un poco más el daño que pueda llegar a causar
a segundas o terceras personas
que el daño que pueda llegar a causarme a mi misma.
Alguien escribió 4 minutos
basado en ello.
Creí haber aprendido la lección.
27 llamadas perdidas me decían lo contrario.
Ya mis ganas de verle
habitaban en aquel basurero,
donde alguien solía dejar los restos de la cena
cada tercer día antes de marcharse dejando un
"te quiero" en mi buzón.
Me gustaba pretender que esa frase estaba completa,
pero en el fondo siempre supimos que al irse se llevaba
un ""lejos" atorado en la garganta.
Fue amor a distancia,
pues lejos nos queríamos.
Pero ni todo su perfectísimo fue capaz
de hacerme ir en contra de mis principios,
aun así de vez en cuando le defendiera
de mi sentido común.
Lo cierto es que llamaba insomnio a su orgullo,
"te quiero" a sus mentiras
e "inseguridad" a su cobardía.
Me tomó poco mas de un año
y 9 poemas para enfrentarme a mi misma,
Mientras alguien preferia ponerle nombre a su ilusión.
Admito el cariño fue inmenso.
Mis ganas de cambiar,
verle feliz,
cuidarle
y amarle
no fueron tantas.
El acto más sincero de amor que
pude llevar a cabo en su nombre
fue alejarme.
Era noviembre,
alguien lloraba,
Y yo me marché
apestando a amor barato.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario